Tampoco intentamos demasiado cambiarlo. Nadie se levanta con la intención de ese día cambiar el rumbo de su vida. Nos perdemos en una vorágine de pretensiones ajenas. Ser lo que los demás quieren de uno, hasta que un día, algo activa la bomba, y nada vuelve a ser igual.
Siempre soñé con ser muchas cosas, desde mujer bombero, veterinaria, astronauta, mecánica, escritora, directora de cine, actriz, cantante, poeta, bailarina, patinadora, gimnasta, boxeadora, profesora de educación física, de matemática, una lista interminable. Y no soy nada.
Me imaginaba casada, con dos hijos, trabajando, un gato, un perro, probablemente un pez, una casa con patio grande y pileta. Y a estas alturas no tengo nada. Solo el gato y dos perros. Deberían haberme avisado que la vida no es como uno la imagina. Porque aunque intente cambiar, en este momento estoy decepcionandome a mi misma, desde hace dieciocho años hasta ahora.
¿Para que ilusionarme con algo que no voy a lograr? Mejor dejar que la vida pase.
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