Ese que todavía inocente, como un niño, se levantaba sonriendo luego de tropezarse y caer. A pesar de los rasguños, las pequeñas lastimaduras y los golpes, él olvidaba rápido y volvía a ser feliz.
No recuerdo como pasó, sólo me vi de pie en el medio de aquel parque verde, lleno de aroma a vida, y él ya no estaba conmigo. Comencé a buscarlo por todos lados mientras los demás me miraban como a un loco. En las copas de los árboles, entre las fragantes flores, le preguntaba a la gente si ellos vieron mi amor, pero huían de mi, o simplemente reían.
El sol caía y mis pies adoloridos seguían buscándolo cansados. "¿Amor, dónde te has ido? ¿Acaso me has abandonado?". Traté de recordar lo ocurrido antes de encontrarme sin él pero mis recuerdos parecían haber sido arrastrados al océano del olvido. No me rendiría, con mi propia vida lo encontraría, lo necesitaba sin saber para qué, pero él volvería conmigo.
El frío de la noche se negaba a abandonarme, haciendo sentir con mayor intensidad su falta, mi corazón ya no era el mismo. Con el paso de las horas su latido se había vuelto monótono e insulso y mi mente por momentos no recordaba con claridad que es lo que estaba buscando.
Seguía buscando cuando me di cuenta que el sol comenzaba a asomar nuevamente. ¿Tanto tiempo había pasado? No importaba, lo encontraría. ¿Qué encontraría? Ya ni recordaba. Hasta que sentí un aroma familiar pasar cerca de mi entre toda esa gente. Ese aroma infantil tan propio de él. Empujando a la gente llegué hasta él. ¡Lo había encontrado!
Él estaba aferrado a ti, ya débil, casi apagado, y tu lo ignorabas por completo. No lo sentías, o no querías verlo, pero el estaba ahí, amándote con la poca vida que le quedaba. Estiré mi mano para tomarlo, y sentí como con las pocas fuerzas que le quedaban se trataba de aferrar para no separarse de tu lado. Yo lo comprendía. Tu no me amabas, entonces él no debería estar contigo, el merecía algo mejor. Con un poco de fuerza lo saqué de tu lado, y lo abracé. Con pocas fuerzas me dijo unas palabras al oído, y luego se relajó, entregándose por completo a la maldita muerte que esperaba por el.
Alcé la vista y te vi de espaldas, caminando, ignorando todo lo que había pasado, ignorando mi amor, ignorando su muerte.
Antes de morir el mencionó tu nombre, y me di cuenta de mi error. Si el no podía estar contigo, no podría ya estar con nadie más. A pesar de su sonrisa cristalina y sus ojos brillantes, estaba cansado, derrotado y había apostado a una última oportunidad. Oportunidad que yo, en mi miedo no quise intentar.
Aparentemente acabo de matar a mi amor.
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